El cielo azul amenazaba con mal tiempo la mañana del martes 17 de agosto al aeropuerto Francisco Javier Mina de Tampico, cuando, de entre las nubes grises, cargadas de agua, descendió el avión matricula XC-UAT, propiedad de la Universidad Autónoma de Tamaulipas.
Un grupo de trabajadores petroleros que estaban allí en espera de ser transportados a una plataforma marítima, vio como de aquella nave en vez de descender el rector de la UAT, José María Leal Gutiérrez, lo hacía un grupo de personas ajenas a la institución. Se trataba de Michael Barkin cónsul general de los Estados Unidos de América, en Matamoros, quien iba acompañado de la jefa de prensa del Consulado, Laura Garza y de sus asistentes.
Al cónsul se le notaba muy alegre, al respirar aire de otra ciudad, como que por el momento se quería olvidar de la realidad que vive en Matamoros, donde el pueblo lo tilda de racista, porque a ricos y pobres a todos les niega la visa láser, sin
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darles explicación alguna, pues dicen que él, lo único que quiere de los mexicanos es su dinero.
El cónsul se detuvo unos segundos con un militar, de esos verde olivo que resguardan la seguridad en el aeropuerto, pero el soldado mexicano se quedó mudo ante el gringo racista, que lo saludó en su idioma inglés y volteando la cara.
Michael Barkin, no traía achichincle, él cargaba con sus cosas, de su hombro derecho colgaba una mochila chica donde traía su computadora portátil y documentación. Con la mano izquierda jalaba la maleta donde transporta su odio a los mexicanos. Llevaba cambios de ropa para los tres días que iba a estar en el puerto, hospedado a cuerpo de rey en el hotel Camino Real.
Lo que quería era llegar, por eso, a pasos agigantados abandonó la pista y entró a la sala de espera de vuelos privados de la terminal aérea, allí, el que esto escribe, le dio la bienvenida. Las manecillas del reloj marcaban las 10 de la mañana con
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15 minutos:
“Buenos días señor cónsul…bienvenido a Tampico”.
Michael Barkin, regresa el saludo, pero apretado.
Sin más preámbulo, se le dejó caer la primera pregunta:
--¿Señor cónsul, cómo es posible que usted ahorita ande acá?, cuando la Canaco (Cámara Nacional de Comercio) le está auditando el consulado, porque dicen que usted es un cónsul racista, que le niega la visa láser a todos?
Se sorprende, deja su maleta y se acomoda el saco. Agarra una pose de turista de primera clase y contesta con su clásico tono, arrastrando la lengua:
--Aaaaah… estamous siempre trabajandou muchou, en proteer los derechous de toros, inclusivo los solicitantos que vienen tratarlous muuy bien, los que vienen que es una grajan prioridad para nosotrous y no tenemous ningún problemo si alguien nos quierre chequi-ar, para asegurar que Mas información en su revista semanal 
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