Javier Medina
La balacera protagonizada por elementos de la Sedena, la tarde noche del sábado 20 de febrero, dejó como saldo el cadáver de Carlos Alejandro Mora Cantú, quien transitaba sobre las avenidas Pedro Cárdenas y el cruce con la Manuel Cavazos Lerma, donde fue alcanzado por un proyectil de la milicia que le perforó el cráneo perdiendo la vida al instante.
Tras estos lamentables hechos, se ha vivido, tanto en Matamoros, como en el resto de la franja fronteriza, una oleada de terror, de psicosis generalizada, lo que ha llevado a causar fuertes estragos en la economía de la región pues la suspensión de clases, los cierres de comercios se han ceñido a un supuesto ordenamiento de toque de queda, que cual virus maligno ha corrido de boca en boca.
En los actos delictivos que se tienen acreditados por la procuraduría general de Justicia del Estado a cargo de Jaime Rodríguez Inurrigarro en los distintos municipios de Tamaulipas, se habían reportado en el término de una semana, hasta el viernes 26 de febrero, 19 muertes violentas.
Entre estas pérdidas de vidas humanas se encuentra la del estudiante universitario Carlos Alejandro Mora, de 19 años de edad, quien cursaba la carrera de criminología, en el Instituto Oriete, con domicilio en la colonia Las Granjas. Del hecho tuvo conocimiento el fiscal en turno de la Agencia Séptima del Ministerio Público Investigador, en la Heróica Matamoros.
La situación ha sido difícil para los deudos de éste joven pues no se resignan a creer que las balas de la milicia, hayan cortado de tajo la existencia de un muchacho que apenas comenzaba a vivir. Aparte de soportar la pena de perder un hijo, la madre del infortunado, María Noemí Cantú, luego de reconocer el cadáver, tuvo que esperar cuatro días, para que le entregaran el cuerpo y poderle dar cristiana sepultura, pues de acuerdo con el protocolo militar había de demostrar su maternidad con pruebas de ADN.
La madre, indignada, en sus declaraciones tachó a los soldados de criminales, pues dijo que su hijo, sólo era un joven estudiante que no tenía nada que ver con criminalidades.
Es preciso señalar que durante las ráfagas que sin control lanzaba la milicia esa tarde, además de los cientos de matamorenses que vivieron aterrorizados por las balas y las detonaciones de las potentes armas del Gobierno Federal, resultó agujerada una ambulancia perteneciente al Escuadrón Nacional de Rescate comandado por José Luis Reyes, quien a bordo de la unidad, junto a sus cuatro compañeros, no les quedó de otra más que tirarse al suelo y rezar por sus vidas.
De acuerdo a las versiones de los testigos del lugar, quienes por temor prefirieron omitir su identidad, la balacera fue protagonizada por elementos de la Secretaria de la Defensa Nacional, (Sedena), quienes sin medir peligro alguno, realizaron disparos hacia los cuatro puntos cardinales, tratando de causar estragos a vehículos no identificados.
De ésta manera los transeúntes que paseaban por el centro comercial Plaza Fiesta, aterrorizados se tiraban al suelo, otros se agazapaban entre los vehículos en el estacionamiento, mientras que hubo personas que de plano despavoridas se regresaban al interior de las tiendas departamentales.
Quienes no corrieron con la misma suerte fueron las personas que alrededor de las 19:00 horas de ese sábado 20 de febrero, esperaban la pesera justo a un costado del negocio de comida rápida MacDonals, pues nada podían hacer, no había lugar en donde se pudieran proteger de las balas del pelotón de soldados, quienes incluso desde el puente elevado peatonal disparaban a diestra y siniestra, sin blanco fijo.
Lamentablemente, los primeros estragos de la lluvia de plomo empezaron a causar bajas a la pacífica población, aquellos que esperaban la pesera o que pasaban por las calles aledañas a ese populoso centro comercial. Ese lugar, fue por desgracia, donde acabó la vida de Carlos Alejandro Mora Cantú, que sin deberla ni temerla, recibió la mortal descarga de plomo que le perforó el cráneo y le arrebató la vida al instante, mientras que la camioneta que manejaba, una Escalade verde obscuro, quedó agujerada por las balas y los cristales rotos.
De inmediato, los soldados, al ver la acción se acercaron al vehículo para resguardarlo y con palabras altisonantes, corrieron del lugar a quienes se encontraban en los alrededores.
La refriega infernal, duró por lo menos diez minutos, los cuales bastaron para dejar esquirlas y balas perdidas incrustadas en paredes y automóviles, uno de los vehículos seriamente dañados fue la ambulancia del Escuadrón Nacional de Rescate, la cual presenta tres orificios de bala, sin salida aparente y con cristales dañados, así como el neumático trasero del lado del conductor reventado.
Al cese de las balas, llegó la aparente calma, los peatones y automovilistas que se habían quedado en medio de aquel infierno, se retiraron de inmediato, al lugar llegaron más agentes de la milicia y federales, así como cuerpos de auxilio de la benemérita Cruz Roja Mexicana, además de los agentes estatales.
Esos momentos fueron cruciales en la vida del joven Carlos Alejandro Mora, pues el balazo que le perforó el cráneo lo tenía al borde de la muerte, por lo que fue trasladado por paramédicos de la Cruz Roja, al Centro Medico Internacional (CMI), lamentablemente, los médicos del hospital, dijeron que la lesión que había recibido era mortal por necesidad.
Fue hasta la mañana del domingo, en que oficialmente, la madre de Carlos Alejandro Mora, María Noemí Cantú, reconoció el cadáver, en el anfiteatro de la localidad, allá aun costado de las oficinas de las Agencias del Ministerio Público Investigador, sobre la calle Marte R Gómez.
Pero al momento las autoridades federales, le negaron el cuerpo de su hijo para que le diera cristiana sepultura, pues le dijeron que iban a someter el cuerpo a pruebas de antidoping y ADN.
El lunes 22 de febrero, cuando reporteros de ésta Casa Editora acudieron al domicilio de doña María Noemí Cantú, allá en la colonia Las Granjas, sobre la calle 21 de Julio, número 12, anteponiendo el dolor de su alma, por esta pérdida tan dolorosa muy amable atendió a los reporteros, pero indicó:
“Les agradezco mucho su preocupación, pero no tengo palabras en estos momentos para externar, lo único que puedo decir es que mi hijo, no era un criminal, ¿en manos de quien estamos?, los militares no miden consecuencias, mataron a mi hijo, -respira profundo-.
creo que debemos hacer algo, ¿hoy es mi hijo mañana quién?, es injusto, exijo justicia…”.
--¿Sabemos que no le quieren entregar el cuerpo de su hijo qué es lo que le dicen?
--Que me espere, que me lo van a dar, ya tengo dos días en espera, dicen que se van a tardar tres, ya me hicieron un estudio de ADN, y a mi hijo le hicieron uno de alcoholemia y de drogas, salió bien, mi hijo sólo era un estudiante, no consumía drogas…
--¿Cómo ocurrieron los hechos?
--Fue muy repentino, nosotros lo estábamos esperando en la Pizza en la Peter Paper Pizza, teníamos una fiesta familiar, nos dijo que ya iba llegando, y después escuchamos las ...Mas información en su revista semanal 